Por cada vez que quisiste rendirte
pero decidiste seguir.
Por cada mañana que te levantaste
aunque el cuerpo pesaba.
Por cada día en que diste lo mejor de ti
aunque las fuerzas flaqueaban.
Por cada paso que diste hacia una vida mejor.
Por todo lo que has logrado, por tu valentía,
por tu resistencia, por tu coraje, por tu convicción
y por tu capacidad de avanzar a pesar de todo.
Quizás nadie te lo ha dicho, tal vez ni tú mismo lo valores,
pero mereces escucharlo: te felicito.
Estoy orgulloso de ti, y espero, de todo corazón,
que tu también lo estés.