Rompecabezas

Algo curioso y hermoso sucede cuando

los años y las experiencias se acumulan:

Lo que antes te molestaba, deja de tener control sobre ti

y las personas que antes te irritaban pierden su poder sobre ti.

 

Como piezas de un rompecabezas, todo comienza a encajar.

 

Ese momento, ese punto de inflexión,

solo ocurre cuando has vivido lo suficiente,

cuando has tropezado la veces necesarias,

cuando has perdido lo que creías imprescindible.

 

Pero cuando ocurre…

Es como si despertaras de un sueño y recobraras tu poder.

 

Dejas de preocuparte por lo que otros piensan, digan o hagan.

 

Tu energía, antes dispersa en infinitas direcciones,

se enfoca en lo que verdaderamente importa,

en todo aquello que te hace verdaderamente feliz.

Tus sueños, tus proyectos, tu visión.

 

Las personas que antes te alteraban,

que ocupaban tus pensamientos,

que robaban tu energía,

pierden su poder sobre ti.

 

Ya no te desvelan los éxitos de otros,

ni te atormentan sus opiniones.

Ya no te obsesiona lo que logran los demás,

ni te comparas constantemente.

 

Comprendes, con la claridad que dan los años,

que nadie más que tú puede construir tu camino,

que nadie más que tú conoce tu verdad,

que nadie más que tú puede vivir tu vida.

 

Y entonces, como por arte de magia,

todo comienza a tener sentido.

Las piezas dispersas encuentran su lugar.

 

Todo encaja.

 

Todo se alinea.

 

El rompecabezas,

 

por fin,

 

se completa.

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