Si lo intentaste y te equivocaste, no tienes nada que reprocharte.
Seguramente te llevaste una buena lección.
Los reproches surjen de aquellos momentos en los que uno se paraliza y elige no actuar…
Y duelen tanto porque son un recordatorio constante de oportunidades perdidas, de potencial no alcanzado y sueños no perseguidos…
De lo que pudo haber sido, y nunca fue.
👇 Recordatorio del día 👇
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No hay nada más doloroso que preguntarse “Qué hubiera pasado si…”
Fallar está bien, equivocarse es algo común.
A menudo, dudamos ante la idea de fracasar, pero olvidamos que el mayor reproche, y el más doloroso, es nunca haberlo intentado.