El primero, es el problema como tal…
El segundo, es la falta de voluntad, para admitir el problema, hablar sobre el problema o pedir ayuda para solucionarlo.
Por ejemplo, un problema muy frecuente en la sociedad actual, es tener hábitos personales destructivos o relaciones tóxicas, pero en la gran mayoría de los casos, simplemente se niega o ignora.
Negarte a reconocer el problema, solo lo hace crecer, Sin embargo, si te atreves a admitirlo, definirlo, medirlo y a hablar de ello abiertamente, estarás dando el primer paso para solucionarlo.