Hay dos tipos de muerte.
La del cuerpo, que todos ven,
y la del alma, que nadie nota.
La segunda ocurre cuando dejas de ser tú
para ser lo que otros esperan.
Cuando tu voz se vuelve
eco de voces ajenas.
Cuando tu vida se centra
en complacer a los demás.
Y nadie se da cuenta.
Ni siquiera tú.
Hasta que un día despiertas
y no te reconoces.
Y te preguntas:
¿Cuándo dejé de ser yo?
¿Cuándo cambié mi verdad
por la aprobación de otros?
La muerte del alma no llega de golpe…
Es un cúmulo de pequeñas traiciones.
Cada vez que callas lo que piensas.
Cada vez que finges ser quien no eres.
Cada vez que sacrificas tu autenticidad.
Hasta que un día
estás tan perdido
que no puedes volver a encontrarte.