La vida, en su infinita generosidad,
nos regala milagros cada día.
Lo único que pide a cambio,
es que nos detengamos
y prestemos atención.
No necesitamos hacer nada,
solo abrir los ojos,
abrir el corazón,
y maravillarnos.
La belleza está ahí, siempre ha estado.
Solo tenemos que estar presente para verla.