Cuando tu mente se convierte en un laberinto sin salida,
cuando cada pensamiento te lleva a otro más oscuro,
cuando cada pregunta genera mil nuevas dudas,
es momento de parar.
Es momento de parar,
es momento de recordar
que no todo requiere análisis,
que no todo necesita solución,
que no todo debe ser entendido.
Cuando te encuentres atrapado
en el ciclo del pensamiento excesivo,
respira profundo y pregúntate:
¿Éste es un problema?
¿Está sucediendo ahora mismo?
¿Puedo hacer algo al respecto en este momento?
Si la respuesta es no,
suéltalo y regresa al presente.
Permite que la vida fluya,
entrega tus preocupaciones al universo,
ríndete ante lo que no puedes controlar.
Si la respuesta es sí, hazlo.
Enfócate en aquello sobre lo que tienes influencia.
Tus pensamientos, tus palabras, tus acciones,
y cámbialo.
La vida rara vez es tan terrible como la imaginas
en tus peores momentos de ansiedad.