A medida que crecemos,
dejamos de emocionarnos.
Dejamos de sorprendernos.
Dejamos de maravillarnos…
Y empezamos a esperar.
Un gran momento.
Un logro importante.
Una experiencia extraordinaria.
Pero lo extraordinario,
por definición,
es raro.
Y mientras esperas que eso ocurra,
la vida pasa.
Porque la vida no está en lo extraordinario.
Está en lo ordinario.
Y tu felicidad no depende
de que algo pase.
Depende de que aprendas a emocionarte
con lo que ya está pasando.