Observa al niño que juega,
absorto en su mundo,
perdido en el momento,
disfrutando cada segundo.
Mira cómo fluye,
cómo se entrega por completo,
cómo pierde la noción del tiempo,
cómo aprende y mejora.
Hace algunos años,
tu fuiste como ese niño.
Y como ese niño,
fluías, disfrutabas, aprendías,
explorabas, preguntabas
y cuestionabas.
Hace algunos años,
cuando todo era más fácil,
la vida era un juego,
y al igual que ese niño,
creabas sin esfuerzo.
Observa al niño que juega y pregúntate:
¿Cómo puedo volver a ser ese niño?