En el silencio habita la verdad.
No en lo que decimos, sino en lo que callamos.
Cerramos los ojos, no para dejar de ver,
sino para sentir con todo nuestro ser.
Para que la piel perciba,
para que el corazón comprenda,
para que el alma reconozca.
Hay un lenguaje que trasciende las palabras.
Un idioma que, silenciosamente,
revela lo esencial y lo verderamente importante.
¿Cuándo fue la última vez
que cerraste los ojos para escucha y para sentir?
En un mundo obsesionado con mostrar,
exhibir y deslumbrar,
parece que se ha perdido la sensibilidad
de sentir con cada fibra de nuestro ser.
Tal vez por eso los niños cierran los ojos
cuando abrazan con fuerza,
cuando prueban algo delicioso,
cuando escuchan su canción favorita.
Tal vez, ellos aún recuerdan que
para sentir plenamente,
a veces hay que dejar de ver.