Cuando menos lo esperas,
comprendes que algo tenía que irse,
para que algo mejor pudiera llegar.
Cuando menos lo esperas,
te das cuenta que ese final,
marcó un nuevo comienzo.
Cuando menos lo esperas,
asimilas que la tristeza fue necesaria
para poder cambiar,
que la incomodidad te ayudó
a buscar otras alternativas.
Cuando menos lo esperas,
te das cuenta que las puertas que se cerraron,
te permitieron ver las que se estaban abriendo.
Cuando menos te lo esperas,
entiendes, finalmente,
que cada error,
solo era un paso más en la dirección correcta.
Cuando menos te lo esperas,
todo encaja.