El ego prefiere vivir equivocado
antes de admitir su equivocación.
De ahí viene la obsesión con tener siempre la razón.
Porque fallar lo hace menos.
Porque admitir una equivocación lo hiere.
Pero mientras más luchas por tener razón,
más te alejas de la verdad.
Y mientras más proteges tu ego,
más sacrificas tu crecimiento.
Las personas más sabias que conozco
cambian de opinión constantemente.
No porque sean indecisos,
sino porque entienden algo fundamental:
Equivocarse no es un problema…
El problema es no aprender de los errores.