Amar verdadera y profundamente,
es tomar conciencia.
Es abrazar la totalidad:
lo permanente y lo temporal,
lo eterno y lo pasajero.
Amar es reconocer,
que cada momento,
es un regalo único.
Y que cada experiencia
es una oportunidad irrepetible.
Amar es ser consciente
de la impermanencia de lo que amamos.
Apreciarlo plenamente,
sin olvidar su naturaleza temporal.